Carretilla y herramientas de huerto en el exterior

En octubre se arranca el tomate y quedan cuatro macetas con 60 u 80 litros de tierra que nadie sabe qué hacer con ella. La mitad de la gente la tira y compra sacos nuevos en marzo; la otra mitad planta encima y luego no entiende por qué la lechuga sale raquítica.

Ninguna de las dos hace falta. Ese sustrato se recupera en una tarde y sale a una fracción del precio de un saco: en una terraza de seis macetas estamos hablando de ahorrarse entre 20 y 30 euros cada primavera.

Qué le ha pasado a esa tierra

Tres cosas, y conviene distinguirlas porque cada una se arregla distinto.

Se ha compactado. La turba y la fibra de coco se degradan con los riegos y con las raíces, y al cabo de una temporada el sustrato ha perdido buena parte de su porosidad. Donde había un tercio de aire ahora hay bastante menos, y una raíz en tierra compactada crece mal aunque tenga comida de sobra.

Se ha quedado sin nutrientes. Un tomate en 30 litros se lleva por delante el nitrógeno disponible en unas 8 o 10 semanas. Lo que queda después no alimenta nada.

Ha acumulado sales. En una maceta no llueve, así que los restos de abono y del agua del grifo se van concentrando. Es la costra blanquecina del borde.

Ninguna de las tres es irreversible, y es lo que dicen también las guías de extensión agraria sobre reutilizar sustrato: si la planta del año pasado estaba sana, lo que hay que corregir es la porosidad y la fertilidad, no cambiar la tierra. Lo que sí es irreversible está más abajo, en la lista de cuándo tirarla.

El procedimiento, en una tarde

  1. Vacía la maceta sobre un plástico o una carretilla. Todo fuera, incluido el fondo.
  2. Saca las raíces. Con las manos y sin miramientos: el cepellón del tomate sale casi entero de una pieza. Las raicillas finas se pueden dejar, se descomponen solas; los troncos y las raíces gruesas, fuera.
  3. Criba lo grueso. Vale un cedazo de obra o una rejilla de horno. Se quitan piedras, etiquetas de plástico, restos de perlita apelmazada y cualquier trozo de raíz que se te haya pasado.
  4. Lava las sales, si viste costra blanca. Se moja el montón hasta empapar y se deja escurrir 2 o 3 veces, o se riega la maceta ya llena con 3 veces su volumen de agua y se deja salir por abajo. Es el único paso que gasta agua, y solo hace falta si hubo costra.
  5. Devuélvele el aire. Por cada 10 litros de sustrato viejo, 2 o 3 litros de material nuevo que aporte estructura: fibra de coco hidratada, perlita, vermiculita o corteza fina. Esto es lo que corrige la compactación y es el paso que más gente se salta.
  6. Devuélvele la comida. Por cada 10 litros, 2 litros de compost o humus de lombriz bien mezclados. Si vas a plantar algo exigente, añade un abono de fondo de liberación lenta según lo que diga su envase.
  7. Mezcla bien y deja reposar 2 semanas con la maceta ya montada y ligeramente húmeda, antes de plantar. La vida del compost necesita ese tiempo para arrancar.

Con eso, la proporción final es más o menos 7 partes de sustrato viejo, 2 de compost y 1 de material estructural. No hay que ser preciso: si te pasas de compost, mejor eso que quedarte corto.

Manos sobre un colador con tierra y un plantón
Todo el proceso se hace con lo que hay en casa: un cedazo de obra o un colador viejo

Checklist antes de plantar

  • Sin raíces gruesas ni restos de plástico
  • Sin costra blanca en la superficie ni en las paredes de la maceta
  • El sustrato se desmenuza en la mano, no forma bolas que no se deshacen
  • Al regar, el agua entra en 2 o 3 segundos y no se queda encharcada encima
  • Mezclado el compost y el material estructural, y removido de arriba abajo
  • 2 semanas de reposo antes de sembrar o trasplantar
  • Los agujeros de drenaje de la maceta, despejados

Las tres veces que hay que tirarlo

Reutilizar no es reutilizar siempre. Hay tres casos en que ese sustrato va a la basura y no al huerto.

Si la planta murió de una enfermedad de suelo. Fusarium, verticilosis, nematodos, podredumbre de cuello. Esos patógenos aguantan en el sustrato de una temporada a la siguiente y no se van con compost, y las guías universitarias son tajantes ahí: si la planta murió de una enfermedad bacteriana, fúngica o vírica, esa tierra no se reutiliza ni se echa al compostador. Si tu tomate se marchitó de golpe con la tierra húmeda, no plantes otra solanácea en esa maceta.

Si huele mal. Un sustrato que huele a huevo podrido o a cloaca ha estado encharcado y anaerobio demasiado tiempo. Se puede intentar recuperar extendiéndolo a secar y airearlo durante 2 semanas, pero si el olor persiste, fuera.

Si lleva 3 temporadas o más. La turba se acaba mineralizando y llega un punto en que ya no queda estructura que recuperar por mucho coco que le eches. Como norma práctica, un sustrato aguanta 2 o 3 ciclos con este tratamiento; a partir de ahí se usa para rellenar jardineras de aromáticas rústicas y se compra nuevo para lo exigente.

Y si al vaciar te encuentras con que la maceta se te ha quedado corta para lo que quieres plantar en primavera, este es el mejor momento del año para cambiarla: la referencia de litros por cultivo está en cuántos litros necesita cada hortaliza. Lo que no hay que hacer, ya que estamos con la maceta vacía, es poner grava en el fondo: el porqué está en los cuatro remedios de huerto que no hacen lo que dicen. Para lo que va encima una vez lista, qué plantar en otoño.

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